Enviados de Guaidó se apropian de fondos para ayuda humanitaria en Colombia

Nacionales

Antes que nada se debe reconocer los esfuerzos del gobierno de Ivan Duque y ACNUR por proteger a los venezolanos refugiados, así como también el trabajo impecable de los diputados José Manuel Olivares y Gabriela Arellano, quienes llevan meses exiliados en el hermano país de Colombia y su compromiso con la Libertad Absoluta de nuestro país.

Sin embargo, tanto Olivares como Arellano fueron apartados inesperadamente de sus tareas claves por órdenes del mismo Juan Guaidó

El Robo de Cucúta

El 24 de febrero, al día siguiente de que decenas de militares cruzaran la frontera hacia Colombia, el presidente Juan Guaidó firmó una carta en la que se autorizó a Rossana Barrera y a Kevin Rojas, ambos militantes de Voluntad Popular, la atención de «la situación de los ciudadanos venezolanos, civiles y militares, que ingresan a territorio colombiano, buscando ayuda y refugio», reza la misiva.

En el prestigioso medio El Tiempo de Colombia se lee que tanto Barrera como Rojas habían sido designados «para supervisar» la estadía de los militares en Cúcuta. Infobae reporta, de la mano de la periodista Sebastiana Barráez, que ambos son los «responsables de los aspectos de comando, logística y seguridad de los militares que están en Cúcuta».

Estos nombres son claves; sin embargo, las miradas se deben posar sobre la mujer, Rossana Barrera, quien es la cuñada del diputado del partido Voluntad Popular, Sergio Vergara, mano derecha del presidente Juan Guaidó luego de que Roberto Marrero fuera secuestrado por el régimen de Maduro. Esto fue confirmado por un miembro del equipo de la presidencia.

Barrera, junto a Kevin Rojas, asumió completamente la operatividad de lo que ocurría en Cúcuta y se encargó del manejo de fondos para el pago de la estadía de los militares.

Las alarmas se encendieron cuando Barrera y Rojas empezaron a llevar una vida que no se correspondía con quienes eran.

  • Facturas que demuestran excesos y, varias, extrañísimas, de diferentes talonarios, firmadas el mismo día y con estilos de escritura idénticos. Casi todas sin sello. Gastos de más de 3.000.000 de pesos en hoteles colombianos y en discotecas, por noche.
  • Unos mil dólares en bebida y comidas.
  • Gastos de ropa en carísimas tiendas de Bogotá y en Cúcuta.
  • Reportes de alquiler de vehículos y pagos en hoteles a sobreprecio.
  • Plata que fluía. Mucha plata.

Inteligencia colombiana fue la primera en precisar la anomalía. Nuevamente: en Cúcuta sucede algo.

Barrera, designada por Guaidó, empezó a desarrollar todo un entramado para malversar fondos relacionados a la ayuda humanitaria y la manutención de los militares en Cúcuta.

Modus Operandi

Barrera reportaba a Caracas el pago de los siete hoteles en los que se estaban alojando los uniformados y sus familiares. Caracas desembolsaba los fondos; sin embargo, a Venezuela, subrayo, solo le correspondían dos hoteles.

Otro incidente, del que se percató el Gobierno de Colombia, estuvo relacionada con la cifra de militares en Cúcuta. La información oficial, proveída por el Gobierno de Juan Guaidó al de Iván Duque luego de una valoración, era de más de 1.450 funcionarios. No obstante, una evaluación paralela de inteligencia colombiana concluyó en que Barrera y Rojas habían inflado la cifra de desertores. Realmente eran unos 700.

Barrera siguió, pero ya investigada por el Gobierno de Colombia. A mediados de mayo ambos encargados de la operatividad en Cúcuta se propusieron organizar una cena benéfica con el fin de recoger fondos para mantener a los uniformados y sus familiares. Aunque en un principio intentaron hacerlo con el aval de la embajada de Guaidó en Colombia, al final, ante la reticencia del embajador, lo hicieron por su parte.

Sin embargo, dos miembros diplomáticos de Israel y Estados Unidos comentaron, respectivamente, que Barrera envió invitación a las embajadas en Bogotá a nombre de la representación venezolana encabezada por Calderón Berti, utilizando un correo electrónico falso.

El evento iba a ser en el muy lujoso restaurante Pajares Salina ubicado en la exclusiva urbanización de Chicó Norte en Bogotá. Al final se tuvo que cancelar debido a que los miembros de la embajada pusieron al tanto a la otras representaciones de que ellos no auspiciaban el evento.

Los diplomáticos confirmaron que ellos nunca estuvieron detrás del intento de realizar una cena benéfica.

El comportamiento de Barrera era insostenible e imposible de eludir. Una fuente de inteligencia de Colombia compartió toda la información que poseía con la embajada venezolana y con el presidente Iván Duque. Les informaron de todo el material que tenían sobre Barrera y Rojas.

Según el miembro de inteligencia, la embajada hizo lo que le correspondía y avisó a Caracas. En concreto, dijo: «Leopoldo López y Juan Guaidó se enteraron de todo lo que hacían Rossana Barrera y Kevin Rojas».

Se intentó contactar a Guaidó al respecto, le escribí, pero no hubo respuesta. Tampoco hubo respuesta de su jefe de prensa.

Ya para este momento el asunto era un secreto a voces. Todo el Gobierno colombiano estaba enterado. Cancillería, inteligencia y la presidencia. Aunque tácita, la intención hoy es que esto se filtre, que se sepa y se concluya. Poco a poco se volvía un escándalo imposible de sostener, lo que obligó a actuar al Gobierno de Juan Guaidó.

Rossana Barrera y Kevin Rojas fueron apartados del cargo aunque, entre conversaciones, Caracas mostraba una defensa a ultranza de ambos.

Hubo amenazas y se trató de desviar la responsabilidad hacia la embajada de Calderón Berti.

Finalmente, ante las presiones a Caracas, Barrera acudió el 27 de mayo a una reunión con miembros de la embajada para someter sus gastos en Cúcuta a una auditoría. El diputado Luis Florido, la acompañó para abogar por ella, según comentó un allegado a uno de los que estuvo presente en la reunión.

La carpeta que entregó era pequeña. Muy pocas hojas para toda la escandalosa información que manejaba la inteligencia colombiana. Al final Barrera pudo entregar un soporte, bastante burdo, de US$ 100.000 que había gastado durante su estadía en Cúcuta. Varios montos de los que entregó no se correspondían con la realidad. La cifra es formidable pero, según me dijo el miembro de inteligencia, se queda corta.

Al preguntar en la embajada de Venezuela sobre si la reunión había ocurrido, la confirmaron. Sin embargo, no quisieron dar ninguna información sobre quienes habían participado en el encuentro en Bogotá.

El Gobierno de Colombia está molesto. Muy molesto. Esto, junto al hecho de que jamás le notificaron de los diálogos escandinavos y los errores cometidos el 23 de febrero, los ha llevado a preguntarse cuál es el concepto que los venezolanos tienen por «aliado».

Aunado a ello, aunque hace más de treinta días se puso al tanto a López y a Guaidó del entramado de corrupción de sus emisarios en Cúcuta, no han se han pronunciado al respecto.

La pérdida

Rossana Barrera y Kevin Rojas, además de ser responsables del sustento de los uniformados, también compartían obligación con todos aquellos que se debían encargar del manejo de las toneladas de ayuda humanitaria estacionada en Cúcuta y donada por varios países. Un nombre clave es el de Miguel Sabal, el designado por el Gobierno de Juan Guaidó para manejar todo lo relacionado a USAID.

Según confirmaron tres fuentes, que pidieron, me ratificaron en todo momento que guardara su condición de anonimato por lo delicado de la denuncia, al menos el 60 % de todos los alimentos donados por aliados del Gobierno de Juan Guaidó se dañó. Me mostraron fotos sin compartírmelas.

La comida está podrida, me dice. «Todo lo que envió el presidente Piñera ya no sirve. Está ahí. No saben qué hacer con ello para que no se arme un escándalo. Lo quemarán, imagino».

**

Lo quemarán. El fuego, las brasas. Todos arden en la hoguera por el sistema. Los pobres y los más pobres.

Es el sistema. Ese que ha captado a miembros del Gobierno de Juan Guaidó.

No es el régimen. Es el maldito sistema.

**

A continuación puede visualiazar documentos divulgados por PanAm Post:

Facturas del Cinera, hotel que le correspondía pagar a ACNUR.

 

Facturas del Hampton, hotel que le correspondía pagar a ACNUR.

 

 

 

Facturas del Hotel Vasconia, de diferentes días, con el número de recibo en secuencia.

Gastos del mes de abril por más de US$ 30.000

Reportes a Caracas con cuentas por pagar. Incluyen cuentas del Hotel Villa Antigua, en manos de ACNUR; y reportan un monto de más de US$ 34 000. Además proyectan gastos de más de US$ 15 000 e incluyen Hotel Villa Antigua.

Reportes de gastos a Caracas de más de US$ 47 000. Incluyen entre los gastos a los hoteles Cinera, Cinema Cúcuta, Hampton, Sterling y Zaraya, divididos entre el Gobierno colombiano y ACNUR.

 

Conversación entre mano derecha de Juan Guaidó, Roberto Marrero, y Rossana Barrera. Intercambio de correos entre Barrera, Kevin Rojas e Iván Barrera Núñez, mencionado en conversación de Whatsapp.

 

Fuente Original: PanAmpost

 

Deja tu Comentario

Comentarios