La Venezuela peregrina

Nacionales

Como siempre ocurre en los grandes traslados de seres humanos que huyen de la tiranía o del hambre, se echan primero al camino los más audaces, los que no se resignan

Por: Luis Alberto Lacalle Herrera, expresidente de Uruguay

Salen como pueden, de los barrios de Caracas, de Táchira o de Cúcuta. Muchos de ellos han ahorrado un par de cientos de dólares, una verdadera hazaña en un país en el que no se come ya pollo, carne o pescado, solo alguna arepa o un puñado de arroz. Cargan a hombro sus bártulos, lo demás queda detrás. Como siempre ocurre en los grandes traslados de seres humanos que huyen de la tiranía o del hambre, se echan primero al camino los más audaces, los que no se resignan.

Otras veces, entre todos lo parientes seleccionan uno para que, desde países que brinden oportunidades, vaya rescatando a los que se quedan. Vale la pena ver, mirar, admirar sus rostros, escuchar su epopeya. Están a la vuelta de la esquina, en Montevideo, en Buenos Aires. Un ingeniero que maneja un taxi, una muchacha empresaria que con su hijito de 11 años atravesó 8.000 kilómetros para llegar a la Argentina, comiendo salteado y llenos de temor, gastando suela por los Andes y las llanuras.

Pero todos ellos sonríen con coraje y decisión. ¿Volver?, se les pregunta, y entonces sí asoma una lágrima, pensando en que pueden no ver nunca más a la madre viejecita o al padre enfermo. Muchos dicen que la vida que inician en estos nuevos pagos es para buenas, para siempre. Otros -¡cómo tira la patria!- se ilusionan con volver a una Venezuela rescatada de la siniestra tiranía que cuando no mata a golpes o disparos, lo hace por privar de remedios o, simplemente, de alimento.

Los latinos afirmaban “ubi libertas, ubi patria”, algo así como que mi patria estará donde pueda ser libre. ¡Cuánto nos puede costar a los criollos aceptar esto ! Cuando en un tiempo cercano el miedo se hizo un lugar entre nosotros, Venezuela abrió amplia sus brazos para dar cobijo a nuestros compatriotas. No importa hoy qué pensaban, eran orientales peregrinos, también ellos en el camino…

A fines del siglo XIX y principios del XX el Río de la Plata recibió numerosos contingentes de gallegos y de tanos, salidos de la aldea o del “paese” para -morral al hombro- realizar la segunda y también gloriosa conquista de América. Desde Europa a la Argentina y el Uruguay era un viaje parecido al de hoy a luna, al otro lado del gran mar, al poniente desconocido o apenas bosquejado por la conseja familiar o el comentario fantasioso. Dieron inmejorable levadura a nuestras patrias que enseguida fueron las de ellos. Trabajo sin ascos, fuerte sentido de familia, mentalidad y voluntad de ahorro, pero sobre todo, saber que los hijos podrían estar mejor que los padres, mucho mejor.

Desde el alba de la humanidad, desde el corazón de África, cuando el primer homínido fue dotado de alma para que naciera el hombre, el camino ha sido el sino. Por África hasta el Medio Oriente, unos hacia Europa otros hacia Asia, por el norte hasta entrar en América. Un pie delante de otro, durante miles de años.

El hambre y la guerra, dos de los jinetes apocalípticos cabalgan a sus anchas por Venezuela, asolando ciudades y llanos. Donde todo abundó hasta el punto del derroche, nada hay. Donde las promesas florecieron desde la verba fácil de los dictadores, solo marchitas almas y flacos cuerpos quedan.

Debemos darles cobijo y ayuda, sin tasa ni medida, aun ofrecernos a ello. Los que aquí están se advierten enseguida, antes aun de que nos regalen su castellano peculiar. Son los que sonríen al cumplir su tarea, los que quieren y quieren prosperar y se asocian al emprendimiento en el que laboran, los que van a llegar más allá de un empleo. Hoy se alimentan y trabajan, sueñan y proyectan. La patria peregrina es una realidad, seguirán con sus comidas y canciones típicas para no perder la esperanza pero se entregan a la tarea de construir país en el Uruguay. Una tierra en la que todos descendemos de los barcos, aun nuestros compatriotas traídos de África. Una tierra generosa y agradecida.

A cada región del mundo, su propio problema. En el Mediterráneo son los del África o del Medio Oriente los que huyen, unos de la guerra, otros de la necesidad. Terribles conflictos teñidos muchas veces de religión aunque sus sangrientos episodios cuestionen la misma idea de Dios. Hambrunas hijas de un colonialismo explotador y del sistema comercial cerrado y egoísta de una Unión Europea encastillada en su prosperidad, que tantas veces prometió a los “nativos” que ellos eran parte de las metrópolis…. mientras en las colonias se quedaran. Todos ello tiene raíces históricas conocidas, ¡pero en América!, cuánto cuesta a todo el mundo comprender que en los espacios vacíos de gente y llenos de riqueza se padezca hambre. Solo regímenes muy perversos, aun más cuando se disfrazan de pueblo y de causas justicieras, pueden fundir naciones, hundir potencialidades, pero la han logrado.

No sabemos cuántos venezolanos (o bolivianos o peruanos o ecuatorianos) hay o habrá entre nosotros, ojalá sean muchos. Primero, porque aportarán trabajo y consumo a una sociedad que mucho los necesita. Luego, porque al verlos empeñarse en ser mejores, tendremos todos nosotros un ejemplo de lo que es el mundo real en el que se prospera por el esfuerzo, por considerar al trabajo como una bendición, a la paz social como un manto protector, a la concordia como el más alto valor de una sociedad.

¡Bienvenida, Venezuela peregrina! ¡Bienvenidos, nuevos compatriotas!

Con información de: Diario Las Américas

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