Argentina y la crisis financiera mundial: "Argentinos, a las cosas, volver a la economía real”, propone Raúl Zylbersztein


La crisis financiera desatada en los Estados Unidos y sus repercusiones, muy especialmente en los países desarrollados, ha puesto en tela de juicio una escala de valores de ética y por este motivo suscita una serie de saludables reflexiones. Una de ellas es la de Raúl Zylbersztein, presidente de CIMA, que fuera publicada en el matutino Buenos Aires Económico. Por su interés, la reproducimos aquí.


Los "grandes economistas", amparados en centenarias empresas financieras, dictan, predicen, proyectan y juzgan todo lo que se mueve. En sus análisis, que muchos suponen como objetivos, inmaculados y científicos, en realidad lo que hacen es llevar los capitales hacia donde sus patrones realizan sus mejores negocios. Es así como, por ejemplo, le levantaron el pulgar a las inversiones inmobiliarias en los Estados Unidos, y bajan la calificación de la Argentina. Raciocinios que llevaron a la Argentina como ejemplo mundial cuando se endeudaba sin restricciones, y con poca credibilidad cuando decide soberanamente realizar sus pagos.

Los mortales comunes, los que salimos a trabajar todos los días, en general, nos sentimos incapaces de entender esos razonamientos, pero cuando se presentan estos acontecimientos de gran inestabilidad, nos damos cuenta simplemente de que esos fenómenos no pueden ser reales. Queda entonces demostrado que estos superman con vista láser para ver el futuro, economistas que elevados a la categoría de gurúes, no son más que "taxis económicos", es decir que son individuos que van hacia donde el que paga indica que vaya, sin poder prever cuándo ellos mismos chocarán contra una pared a 120 kilómetros por hora. Y, nuevamente, chocaron.

Entre ellos, un argentino de la Universidad de Columbia de los Estados Unidos dijo ayer que la Argentina está bastante aislada del problema, diciendo que "si estás dentro de un pozo, te salvas del huracán porque te pasa por arriba". Pero no es la única voz, todos aclaran que la Argentina está aislada, fuera del mundo, por eso se salva. Estas actitudes son bastante canallas por no reconocer el esfuerzo realizado por todos los argentinos hasta aquí luego de la peor crisis económica y social de la historia nacional. Recuperar el tejido productivo, crecer, desendeudarse, acumular reservas, intentar comenzar a vivir con lo nuestro, cuidándolo. Es decir, comenzar a ser política y económicamente libres y soberanos es lo que hemos logrado en los últimos años.

Claro que no estaremos ni estuvimos al margen de esta flatulenta burbuja especulativa. No nos debemos olvidar que aquellos que intentaron escapar del problema inmobiliario de los Estados Unidos, crearon otra burbuja, la de los commodities, y aquí padecimos esa especulación financiera con los alimentos, la soja. Parece ser entonces que no era la necesidad de alimento de la población la suba del precio, que nos llevó a creer que la soja era como tener oro y petróleo; que volvíamos a ser el granero del mundo; nuevamente en el modelo agroexportador como granero del mundo y que la soja alcanzaría para sustentar a 40 millones de argentinos. Esa mentira que muchos se creyeron, hasta nos paralizó durante cuatro meses, y ahora deberíamos sentirnos muy tontos en apreciar que no era de verdad, por creer en espejos de colores. Debemos aceptar esta desilusión y tenemos que volver a trabajar.

Ortega y Gasset, en la otra gran crisis mundial nos dejó un mandato "¡Argentinos, a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que daría este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal".

En esta nueva crisis es de esperar que podamos aprender la lección e ir "a las cosas", en sus variadas interpretaciones, desde ocuparnos de los temas propios y resolverlos de una buena vez hasta llegar a lo "abstracto" de las cosas en sí, al producto de la transformación de los recursos naturales por medio del trabajo.

La Argentina tiene que ingresar en donde las otras economías que hoy se están desmoronando deben regresar, a la economía real, que implica la generación de empleos, el desarrollo de inversiones productivas, la ampliación y la modernización de la producción y la innovación. En nuestro caso debemos completar el proceso de reinduslrialización, a través de una producción apoyada en nuestros recursos naturales, sabiendo que la mejor manera de aprovecharlos es incorporándolos a una cadena de valor, cuyos eslabones sean lo natural, el capital en inversión, el trabajo y la creatividad, para después abastecer nuestro mercado interno con productos de mayor calidad y variedad y generar un excedente para venderlo al mundo.

Simple. Debemos desterrar, definitivamente, el mensaje de ese banco nacional, que actualmente nos quiere hacer creer, desde la publicidad, que nuestro dinero crecerá dentro de la bóveda de un banco mientras nosotros bailamos plácidamente en nuestros hogares. Desafortunadamente, lo único que "vuela vuela" son nuestros sueños.

No perdamos nuestras lanas, debemos producir suéteres con ellas. No perdamos nuestros cueros, exportemos calzados, carteras y camperas. No perdamos nuestra agua y nuestros bosques, vendamos el papel en libros y revistas. Usemos la soja para vender cerdos y el maíz para vender pollos. La leche para quesos y otros productos lácteos con valor agregado. Lleguemos hasta el mayor valor posible agregando trabajo nacional a través de nuestras fábricas.

Aprendamos del excelente ejemplo de la industria vitivinícola, que pasó de vender mosto y vino a granel a elaborar exquisitos vinos de exportación, donde se suma al productor con su inversión, al enólogo con su diseño, al fabricante de botellas, corchos, cajas y etiquetas y un sinnúmero de eslabones que componen esta valiosa cadena productiva.

Porque la producción primaria se transforma en un eje de dependencia cuando no se procesa hasta sus últimas etapas en el país*(C. Leyba) y nosotros queremos ser como los países desarrollados y no dependientes de ellos. Debemos hacer lo mismo y no someternos como en el pasado.

"Todas las naciones cultas se esmeran en que sus materias primas no salgan de sus Estados a manufacturarse, y todo su empeño en conseguir, no sólo darles nueva forma, sino todavía atraer las del extranjero para ejecutar lo mismo, y después venderlas". Esta frase de Manuel Belgrano, si bien parece ser de otra época, en realidad nunca pudimos avanzar desde ese punto; y nuestro prócer lo decía ante quienes se sometían vendiendo estas materias primas.

Para muchos puede ser demasiado alejado, pero no lo es tanto si pensamos que Belgrano murió un año antes del nacimiento de Henry Lehman, quien 23 años después crea la empresa que hoy se derrumbó en el más grande imperio del capitalismo mundial.
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Raúl Zylbersztein es Presidente de la Cámara Industrial de la Manufacturas de Cuero y Afines y secretario de la Confederación General Empresaria de la República Argentina (CGERA)
* Publicado en: Buenos Aires Económico (18/09/2008

Raúl Zylbersztein, presidente de CIMA y secretario de la CGERA





















   


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