MEMORIA:
La industria
Historias de
propuestas que algunos
sectores
nunca dejaron avanzar
"Ningún país sin industria es grande; todo
país esencialmente agrícola-ganadero no supera el estado semicolonial",.decía
Alejandro Bunge en 1924. Días pasados, el economista Manuel Fernández
López publicó en el suplemento económico Cash, algunos datos para
reflexionar sobre el siempre candente tema del desarrollo industrial de
la Argentina. Para eso toma algunas opiniones y propuestas que vio pasar
nuestra historia. Que vio pasar, porque parece que algunos hicieron lo
imposible para que estas propuestas pasaran de largo y no se tomaran en
cuenta. ¿Estará cambiado algo?
No es simple correlacionar la dotación de
tierra con el desarrollo industrial. Adam Smith sostenía apodícticamente
que en una economía, librada a sus fuerzas espontáneas, el desarrollo
agrario debía preceder al industrial.
En países densamente poblados, como los
europeos, el desarrollo agrario siguió al crecimiento demográfico, y
muchas veces perdió la carrera y resultó insuficiente para alimentar a
todos.
En países escasamente poblados, como la
Argentina, el desarrollo agrario siguió a la demanda internacional. El
enorme potencial argentino para generar saldos agropecuarios exportables
permitió a los propietarios del suelo conseguir mejores precios
exportando y con ello enriquecerse; y a los países importadores,
considerar al suelo argentino como una virtual colonia agropecuaria de
ultramar ("Inglaterra halló conveniente producir [su] trigo y [su] carne
en la Argentina": J. H. Williams, 1929).
Pero lo que parecía interminable, con el
tiempo alcanzó un límite. El área sembrada con trigo alcanzó un máximo
relativo en 1917-1918 (siete millones de hectáreas). La existencia de
vacunos, en igual lapso, se estacionó en 30 millones de cabezas.
Entonces Alejandro E. Bunge, que algo sabía de interpretar estadísticas,
y además era propietario de tierras, advirtió que el modelo agropecuario
se había agotado, y el desarrollo económico debía continuar con un
modelo industrial.
En 1924 elaboró un plan para el presidente
Marcelo T. de Alvear, cuyo ministro Rafael Herrera Vegas presentó al
Congreso de la Nación. Pero el Parlamento, como en tiempos de Ricardo,
representaba más al terrateniente que al industrial o al trabajador y
rechazaba toda alteración de la patria agropecuaria. Rechazó, pues, el
llamado proyecto Herrera Vegas, con lo que el ministro se vio obligado a
renunciar, y con él Alejandro E. Bunge (su cargo, director general de
Estadística, dependía del renunciante Herrera Vegas).
Quien le sucedió, Raúl Prebisch, demostró
que la especialización en exportaciones agropecuarias había sido un
factor de subdesarrollo (Prebisch: 1949), y era sazón de adoptar la
propuesta de Bunge: desarrollar la industria. Como muestra de lo que se
hizo está YPF, la mayor empresa minero-industrial del país, entregada al
capital extranjero, y el actual status de país sojero. ¿Ahora se viene
el cambio? ¿Seguirá el país a remolque del mercado sojero?
¿Qué se dijo?
¿Qué se proponía sobre industria hace 130
años? Entre los pensadores destacados, Vicente Fidel López distinguía
entre pueblos industriales y productores de materia prima: "Un país que
produce materias primas para mercados extranjeros marcha siempre al
borde de su ruina. Cuando la industria nacional abastece su propio
consumo con las elaboraciones de su propia materia prima, se halla libre
de crisis".
VFL presentó su posición proteccionista en
Revista del Río de la Plata (1871), en la Cámara de Diputados de la
Nación (1873) y en la UBA (1874-6).
El comercio internacional anexaba el suelo
del país primario al del país manufacturero: "Abundantes de ciertas
materias primas, no hemos hecho hasta ahora otra cosa con ellas que
recogerlas y ofrecerlas al extranjero fabricante, en su estado
primitivo: convirtiendo nuestro suelo en una parte adherente a la
fábrica ajena".
López, diputado nacional, con Carlos
Pellegrini, Aristóbulo del Valle y Luis Lagos García, el 27/6/1873
presentaron con Sáenz Peña, Espeche, Rodríguez y Tello un proyecto
garantizando por diez años el interés de los capitales que se aplicasen
a elaborar varias materias primas. Su fundamentación en la Cámara fue
una defensa del sistema proteccionista y una crítica del libre cambio,
que inició un movimiento en el Congreso (en 1874/7) de defensa de la
industria nacional, al que adhirieron Carlos Pellegrini, Rufino Varela,
Lucio Mansilla, Miguel Cané y Dardo Rocha.
José Antonio Terry en sus clases de finanzas
(1892) decía: implantar un arancel protector sólo podía resolverse luego
de considerar el estado del país. En una primera etapa, un país
agroexportador debe importar sus manufacturas, y el librecambio se
impone, como síntoma del estado económico. Sólo se producen materias
primas: cueros, lanas, carne, maderas. No hay industria manufacturera
que proteger, y no hay protección. En esta edad se necesita el artículo
manufacturado extranjero, porque no se fabrica ni se pretende fabricar
en el país.
Al desarrollarse el país y manufacturar su
propia materia prima, el gobierno debe auxiliar a una industria aún
débil, para competir en pie de igualdad con fabricantes extranjeros.
Francisco García Olano (1944) se identificó con el industrialismo del
grupo Bunge: "Ningún país sin industria es grande; todo país
esencialmente agrícola-ganadero no supera el estado semicolonial".