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Casi todos los asalariados venezolanos caen en pobreza extrema según dólar oficial

El frenético ritmo de las mega devaluaciones en Venezuela y la hiperinflación han pulverizado lo que quedaba del bolívar en los primeros cuatro meses del año y con ello se ha suprimido casi por completo el valor real de los salarios, sumiendo a millones de trabajadores formales y sus familias en la pobreza extrema, según estándares internacionales.

n la más reciente subasta de dólares oficiales a través del sistema Dicom que administra el Banco Central, la tasa final fue de 66.900 bolívares por dólar.

Esto equivale a más de dos veces y media lo que costaba ese huidizo dólar para privilegiados el 5 de febrero pasado, cuando el gobierno, a través de su Banco Central, anunció los resultados de la primera subasta Dicom: 24.995 Bs/$.

Aquél primer resultado a su vez supuso una espantosa macro devaluación del 87% con respecto a lo que había sido el último tipo de cambio oficial vía subastas en agosto de 2017, apenas 3.345 Bs/$.

Por estas horas, el gobierno de Nicolás Maduro está sumido en un cruzada para atacar las diferentes tasas de cambio paralelas que han proliferado con cotizaciones inclusive muy superiores a la de DolarToday.

Hasta hace poco ese portal era el marcador referencial del mercado negro de divisas y con ello de los precios de bienes con componentes importados en un país de muy alta escasez de casi todo lo esencial, una profunda depresión económica y una parálisis de lo queda de la industria nacional.

Pero no hay que ir tan lejos navegando por el mercado paralelo para constatar el grave cuadro de la economía real y del ingreso de los venezolanos. Basta con utilizar el dólar oficial Dicom para constatar que Venezuela es uno de los países más pobres del mundo, medido por el ingreso mensual en dólares por trabajador formal.

El salario mínimo integral de los asalariados, ese que según información oficial del gobierno percibe al menos un tercio de los trabajadores del sector público o del privado suma Bs 1,3 millones por mes (considerando las bonificaciones para comprar alimentos y que no tienen impacto en las prestaciones sociales).

Eso equivale a 19,5 dólares por mes o 65 centavos de dólar por día a la tasa oficial.

Venezuela marcha a contramano del resto del mundo en las metas de reducción  de la pobreza.

– Cifras contundentes –

Según la metodología del Banco Mundial aceptada por los gobiernos e instituciones de todo el mundo, una persona está en condiciones de pobreza extrema cuando tiene que arreglárselas con menos de 1,90 dólares por día (último valor revisado en 2015).

Esta referencia, usada también en las Metas del Milenio de la ONU, toma en cuenta el llamado Poder de Paridad de Compra, es decir, cuánto puede consumir una persona en cada país con ese dólar con noventa centavos por día.

“La pobreza es un concepto intrínsecamente relacionado con el bienestar, y hay muchas maneras en que uno puede tratar de medir el bienestar”, señalan en un estudio sobre la pobreza extrema global los investigadores Max Roser y Esteban Ortiz-Ospina (2018)  “Global Extreme Poverty”.

“Una dificultad clave para medir la pobreza global es que los niveles de precios son muy diferentes en los diferentes países. Por esta razón, no es suficiente simplemente convertir los niveles de consumo de personas en diferentes países por la tasa de cambio del mercado. También es necesario ajustar las diferencias de poder adquisitivo entre países”, dicen al explicar la importancia del Paridad de Poder de Compra.

Las Metas del Milenio, establecidas en 1990 incluían el propósito de reducir a la mitad para 2015 la proporción de personas que en el mundo vivían con menos de un dólar  por día.

Antes de 2015 todavía se utilizaba el valor de 1,25 dólares de ingreso diario promedio para definir el umbral de la línea de pobreza extrema en el mundo. La cifra fue elevada otra vez para incluir en esa última actualización nuevas pruebas sobre los niveles de precios relativos.

Los expertos señalan que 44% de la población del mundo vivía en absoluta pobreza en 1981 y desde entonces esa proporción ha declinado más rápido que nunca antes en la historia, hasta alcanzar 11% en el año 2013 y proyectarse a menos de 10% en 2015, según cifras del Banco Mundial.

En los años del boom petrolero más alto de nuestra historia, que terminó en 2012 el chavismo repartió a manos llenas de petrodólares entre la población, mientras la nueva oligarquía en el poder se quedaban con la mejor parte, en forma de millonarios contratos de obras nunca construidas y extracción masiva de capitales en oscuros negocios financieros.

En su momento vendió sus programas sociales, llamados “Misiones” y el insostenible reparto populista de la piñata de dólares, para afirmar que habían mejorado las condiciones de las mayorías.

Pero el bienestar de la población, un concepto esencial en la lucha contra la pobreza, nunca mejoró en realidad y hoy está en su peor momento, como lo demuestran el colapso de los servicios de salud, de la infraestructura de agua, luz, gas y carreteras y hasta de la propia alma de la economía nacional: Petróleos de Venezuela (Pdvsa).

Un país como Chile, convertido en sueño de consumo para muchos emigrantes venezolanos porque es la economía más avanzada (si bien no la más grande) de América Latina solo tenía 1,3% de su población (es decir 234.083 personas) en condiciones de pobreza de menos de 1,9 dólares por día en 2015.

Ese año experimentó un deterioro en el indicador, pues en 2013 solo 0,9% estaba por debajo del umbral, según datos oficiales del gobierno chileno.

En línea con la práctica oficial del chavismo de pretender transformar mentiras en verdades absolutas, hace menos de un año, en julio de 2017, el vicepresidente de Planificación, Ricardo Melendez afirmaban que Venezuela está a la vanguardia mundial de protección del salario.

Anunciaba uno de los cada vez más frecuentes aumentos nominales del “salario mínimo integral” , es decir del ingreso de los trabajadores donde los bonos sin impacto en las prestaciones sociales tienen cada vez mayor peso.

“Pocos países del mundo tienen la visión de salario integral que tiene Venezuela”, decía el ministro, citado por los servicios oficiales de propaganda.

Menéndez decía entonces que las medidas concernientes al salario mínimo “benefician” a 9,648 millones de personas.

Eso significa que al menos esa cantidad de trabajadores -casi un tercio de la población total-  ganan hoy en Venezuela menos de 65 centavos de dólar al cambio oficial vigente esta última semana de abril.

Pero los datos oficiales expuestos en su momento por el ministerio de Planificación permiten ir más allá: 31% de los asalariados percibe hasta un salario mínimo; 52% de los trabajadores asalariados perciben entre uno y dos salarios mínimos integrales; 10,7% entre dos y tres y sólo 2,8% entre tres y cuatro.

Esto significa que 84,1% de los trabajadores reciben como máximo un techo de entre uno y dos salarios mínimos mensuales. Es decir, como mucho en promedio ganan 39 dólares por mes, o lo que es lo mismo 1,3 dólares diarios.

Pero como sabemos, los promedios son odiosos porque dejan afuera a los extremos de la cuenta. Aún así, sólo 10,7% de los asalariados venezolanos gana entre dos y tres salarios mínimos integrales mensuales, según se desprende de las cifras del gobierno, es decir hasta 58 dólares mensuales y 1,9 por día y también están en la línea de pobreza extrema.

– Esperanza inútil, flor de desengaño –

La inutilidad del ingreso salarial es una de las razones que empuja fuera del país a miles de venezolanos cada día.

Más allá de las mediciones en dólares, lo que importa es para cuánto alcanza el salario, en cualquier moneda que se exprese. En Venezuela alcanza literalmente para nada.

El que tiene la fortuna de ganar tres salarios integrales mínimos percibe en bolívares 130.000 por día. Eso hoy alcanza con suerte al 26 de abril para dos empanadas pequeñas.

Al mes, alcanza para comprar un cartón de huevos o un kilo de queso blanco.

La tragedia de la economía venezolana se ha agravado en los dos últimos años y tiende a empeorar implacablemente en los próximos meses.

Pero ya desde hace tiempo el desasosiego se había instalado entre los trabajadores de cualquier escala profesionales, artesanos, obreros o informales.

La Cepal, dicho sea de paso, “simpatiza abiertamente con el chavismo[ desde hace años, a menos así lo expresaba su secretaria general, Alicia Bárcenas, en visitas al palacio de gobierno de Miraflores, donde alababa los supuestos logros sociales del gobierno militar instaurado de la mano de Hugo Chávez desde 2008.

Ya en 2016, cuando las calles venezolanas comenzaban a poblarse de personas hambrientas escudriñando en la basura en pos de algo de comida, 84% de la población de todos los niveles educativos decía que el ingreso no le alcanzaba.

Al 87% de los que tenían educación secundaria completa tampoco les alcanzaba, ni al 81% de los que tenían educación superior. Ese era el peor resultado para cualquier país americano o caribeño incluido en la muestra.

En contraste, 47% de las personas de todos los niveles educativos decía en en el año 2006 que no le alcanzaba el ingreso, así como el 32% de los profesionales con educación superior.

Ya en 2016, antes de que la sangre llegara al río, 40% de la población de todas las edades había pensado en emigrar a otro país, siempre según los estudios de la Cepal.

Entre los jóvenes de 18 a 29 años de edad ese porcentaje subía a 48% y era de 42% entre los de 30 y 44 años de edad.

El 24% de los mayores de 60 años de edad también se querían ir en 2016.

En el año 2002, cuando recién se estrenaba la era chavista que ya dura 20 años, sólo 17% en promedio de todas las edades había pensado en dejar esta tierra de gracia.

Entre los de 18 y 29 años de edad solo 23% se quería largar, así como 10% de los mayores de 60 años.

El sector de educación superior en Venezuela conjuga como pocos los dos grandes males del país: la emigración masiva y la extinción del poder de los salarios.

El éxodo de profesores, científicos, alumnos y personal administrativo ha dejado a las universidades cada vez más vacías de personas y de calidad educativa.

Un cuadro salarial elaborado por el profesor Alvaro Muñoz @Alvaromunoz demuestra como un profesor titular de más alto nivel en el escalafón gana el equivalente hoy a 49 dólares por mes. Por eso, dar clases en una universidad venezolana es ni más ni menos que un acto de generosidad, de donación de tiempo y una evidencia de cómo hasta los profesionales mejor preparados han sido arrastrados por el monstruo  de la pobreza patrocinada por el propio Estado.

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